DIÁLOGO VIVO CON SAN PABLO 67

 




UNA FE VICTORIOSA EN CRISTO, SEÑOR RESUCITADO (I)

 

 

“Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre ustedes que no hay resurrección de los muertos?” 1 Cor 15,12

 

Querido San Pablo, por favor enséñanos sobre el valor esencial de la Resurrección de Cristo para nuestra fe.

 

“Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también su fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, su fe es vana: están todavía en sus pecados. Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres! ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron.” 1 Cor 15,13-20

 

Al parecer, en aquella comunidad cristiana de Corinto se vivía una situación extraña: algunos no creían en la resurrección de los muertos. Esto no significa que no creyeran en la resurrección de Cristo. ¿A qué se debe esta dificultad? Recordemos que ya entre los judíos había discenso sobre el tema de la resurrección, por ejemplo entre fariseos y saduceos. De hecho, la fe en la resurrección es un tema bastante tardío del Antiguo Testamento, que ha ido madurando lentamente y que aún en el tiempo de Jesús, no carece de cierto tono de novedad. En el caso de los corintios, tal vez sea el ambiente cultural helenista, que conocía la doctrina de la inmortalidad del alma pero que tendía a despreciar la carne-cuerpo como un elemento decadente, el obstáculo. Podemos traer a la memoria la narración de la predicación de San Pablo en Atenas: lo escuchaban y seguían su discurso hasta que comenzó a predicar el kerygma pascual y al oír hablar de  “resurrección de los muertos” simplemente se fueron despreciándolo como un loco o uno que dice tonterías. Y sin embargo, también ahora el Apóstol con su profunda sabiduría atisba otra problemática: si bien no niegan directamente la resurrección de Cristo, sino pueden concebir la resurrección de la carne, ¿cómo estarán entendiendo la Encarnación y por tanto la Salvación?

Si Cristo no resucitó, porque los muertos no resucitan, ¿en qué sentido se ha hecho el Hijo de Dios hombre? Su carne-corporalidad que no merece ser rescatada, ¿en verdad fue asumida? El Apóstol ya está enfrentando desviaciones doctrinales que se manifestarán muy pronto como el docetismo, que considerará la Encarnación como una mera ilusión, apariencia o ropaje del Verbo, quien no puede morir porque es Dios inmortal.

Más aún, si no asumió nuestra carne y la redimió, sino cargó sobre su humanidad de Cordero de Dios nuestros pecados y los expió en el sacrificio de la Cruz, ¿cómo entender la Salvación? O el pecado no pertenece a la dimensión del alma y no afecta inteligencia-voluntad, por tanto solo referido a la carne-corporalidad desaparece con la degradación de la materia y liberación del elemento espiritual, concibiendo al alma como un elemento impecable y por tanto sin necesidad de ser salvado por Dios sino apenas de ser liberado naturalmente de la carne-materia. O si no resucitó, no venció el pecado que conduce a la muerte y por tanto seguimos esclavos del pecado y sin Salvación.

Como verán, ya se asoman los grandes errores o herejías cristológicas que la Iglesia deberá afrontar en el futuro. Estas confuciones desvirtúan la fe en la Encarnación y en la Salvación. Pero además San Pablo advierte que afectan al ámbito de la escatología. “Y si Cristo no resucitó, su fe es vana: están todavía en sus pecados. Por tanto, también los que durmieron en Cristo perecieron. Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!”

Es notable la íntima conexión que existe entre nuestra forma de comprender el Misterio de Cristo y el misterio del hombre. Si no hay resurrección, de nuevo, ¿cómo concebimos la Gloria, el Reino de los Cielos, la Bienaventuranza Celeste, la Vida Eterna? O la realidad temporal es algo despreciable de lo cual debemos escapar para que el alma inmortal quede libre de ataduras terrenas o simplemente solo existe esta existencia histórica y no hay ningún mundo futuro después de la muerte. Comprendemos la complejidad de la problemática que el Apóstol San Pablo intuye se asoma en aquellas anomalías de Corinto.

La cuestión no es menor y reviste una seria elaboración intelectual y precisión en el uso del lenguaje. La Iglesia ya ha definido dogmáticamente estas cuestiones, enseñando la recta fe en Cristo y en la salvación del hombre. En el Credo rezamos “creo en la resurrección de la carne” pero, ¿qué significa para nosotros? No está nada claro para mí cuál es la comprensión que el cristiano promedio tiene acerca de la fe en la resurrección. Supongo que en principio rige una aceptación de la victoria sobre la muerte. Sin embargo las confusiones y ambigüedades doctrinales a nivel de la cristología y la antropología parecen evidentes hoy. Ciertamente sería prudente al menos recurrir al catecismo de la Iglesia Católica y seguir profundizando en el conocimiento de nuestra fe.

De pronto y a un nivel más experiencial, simplemente veo como vivimos y rezamos muchos cristianos contemporáneos. Nunca levantamos la mirada y no parece haber trascendencia. Verdaderamente nuestra fe parece limitada al horizonte mundano e inmanente. ¿Creemos en el Cielo y anhelamos la Gloria de la Jerusalén celeste? ¿Nos interesa la salvación eterna de nuestra persona y la de nuestro prójimo o solo nos concentramos en las vicisitudes temporales? ¿Cómo entendemos hoy la Resurrección del Señor? ¿O solo creemos en Él para esta vida histórica? Si fuese así San Pablo nos diría que somos dignos de compasión.

 


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

DIÁLOGO VIVO CON SAN PABLO 67

  UNA FE VICTORIOSA EN CRISTO, SEÑOR RESUCITADO (I)     “Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo...