PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR En la interior morada

 



1.      En la interior morada, Tú eres el fuego que abraza y abriga.

 

2.      En el centro profundísimo de mi alma, lugar escondido y resguardado, el Señor me ama.

 

3.      En la interior morada, el Amor de Dios es percibido por mí como un Amor siempre más crecido y nuevo, más exigente y aguzado, más acariciante y suave.

 

4.      A la interior morada me retiro cargando mis desvelos y contemplando el espejo donde Encarnación, Eucaristía y Cruz brillan retorno transformado; despejando algo en el rostro mío del Rostro del Amado.

 

5.      En la interior morada con su fuego me abraza y toda soledad y todo mal se esfuman.

 

6.      En la interior morada con su fuego me abriga y el frío de la noche de esta tierra da paso al cálido clima de cielo que él me trae.

 

7.      ¿Con qué pagaré, Amado mío, tanto Amor tuyo pródigamente regalado?

 

8.      Ya sé que tu Amor es gratuito pero quiero devolverte algo y para hacerlo te devuelvo mi vida, esta vida que no es mía sino tuya y que ahora libre y alegremente no retengo y reconduzco a Ti.

 

9.      ¿O no es tema de amadores darse uno a otro sin medida para ya no ser dos sino uno solo?

 

10.  Si Tú, el Altísimo, me recibes a mí, el bajísimo: ¿cómo no he de aceptar tan increíble acogida?

 

11.  En la interior morada que juntos habitamos Tú eres y serás siempre el fuego que llameando, ardiendo y quemando me da vida.

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR El Amor del Dios abandonado

 



1.      A tanto amor se paga con desprecio y a tanto abandono se le deja abandonado.

 

2.      Lo veo en mí y lo veo en las gentes. ¡Qué mal tan terrible es éste! Mal de males y desprecio de todo bien es dejarle a Cristo solo en su amoroso sacrificio.

 

3.      El alma encendida y esclarecida en amor quiere desterrar este mal que late en sus dominios, esta inclinación perversa que la pierde. Por eso gime y solloza viéndolo al Amado tan solo y al mundo tan indiferente.

 

4.      ¡Gran desastre es que el Amor no sea amado!

 

5.      ¡Haz de mi vida, Señor, un único grito suave y cálido que anuncie donde quieras que tu amor debe ser amado y tu abandono recibido y devuelto a Ti en abandono!

 

6.      ¡Que no quede en mí, Señor, tanto Amor tuyo abandonado!

 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 19


 

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR Cubrir con amor el dolor

 


Cubrir con tu amor en mí el dolor del mundo.

 

2.      ¡Cuántos varones y mujeres han deseado subir a la Cruz del Amado y crucificados con Él hacer lo que Él! Y a muchos se les ha concedido tan alto favor.

 

3.      Yo también anhelo ser digno de sufrir con Él y de cargar sobre mí los dolores del mundo para cubrirlos por entero con su Amor.

 

4.      Esta locura de amor –subirse a la Cruz del Amado y amar con Él-, sólo es alcanzable desde una total desapropiación, desde un abandono sin medida.

 

5.      ¡Cuántas quejas todavía llevo de mis propios sufrimientos! ¿Cuándo alcanzaré una fe, atravesada por certeza de amor, fundada en tu Sacrificio de una vez y para siempre?

 

6.      ¿Cuándo mis dolores se transformarán en gozo por poder padecer contigo y se alegrará mi corazón por unirme a tu Pasión?

 

7.      ¿Cuándo mi corazón cederá y se desbordará? ¿Cuándo será como corriente intensa que brota de la fuente inagotable de tu amor gratuito y universal?

 

8.      ¿Cuándo miraré al mundo con tus ojos? ¿Cuándo abrazaré a todos sin dejar ninguno fuera?

 

9.      El camino largo, estrecho y riguroso es ahondar en tu Cruz. Esa Cruz desde donde tanto me amas y que provoca en mí aún salvajes resistencias y negativas.

 

10.  El camino es contemplar tu Pasión y Cruz y llegar a padecer y ser crucificado yo contigo por amor a Ti.

 

11.  ¡Transforma todo mi ser en la noche de tu Pasión y Cruz para que ya no viva yo sino que Tú vivas en mí!

 

12.  ¡Arráncame de mí en mí y poniéndome todo en Ti sea como un reflejo de Ti para los que tanto amas! ¡Aumenta mi amor hacia tu Amor!

 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 18



Recuerdo que cuando realizaba mi discernimiento vocacional, haciendo experiencia en un convento Franciscano Capuchino, observé que el superior de la casa le pedía acceso a la celda a un fraile mayor. Era un hombre anciano que ya tenía esas manías que adquirimos cuando nos vamos poniendo grandes. El superior le pedía ingresar a su habitación para certificar que estaba viviendo en buen espíritu de pobreza. Se trataba de un fraile entrado en años, quien acumulaba cosas que le donaban y que en vez de ponerlo en común o de avisarle a su superior –llamado “guardián”-, cuanto recinía lo escondía ávidamente, posesivamente. Quizás ni siquiera usaba personalmente aquellas cosas, ni le servían para nada, pero había desarrollado ese vicio posesivo, ese afán de acumulación quizás por tener alguna seguridad. Por eso el guardián anoticiado de la situación le pedía acceso a la celda para supervisarla. Claro, luego de hacerlo le pidió que vaciara su habitación de un montón de elementos acumulados que no tenía sentido que poseyera. Hasta aquí la anécdota.

Con el tiempo me di cuenta que este superior sostenía la misma práctica en todas las comunidades donde era enviado como custodio de la vida de sus hermanos. Los frailes sabían que de tanto en tanto los visitaba en su celda y una de las motivaciones era discernir si estaban guardando el espíritu de desapropiación tan medular en la Orden de Hermanos Menores.

“Desapropiación”, de allí viene este proverbio de ermitaño: camina liviano y ningún pegote le retrasa. Recuerdo entonces que yo mismo comencé a desarrollar la actitud de revisarme a mí mismo para descubrir mis pegotes. Llamaba a esta práctica “ejercicio de desnudamiento”. Al principio se trató de observar periódicamente la celda y ver cuánto ropa había acumulado, si cuando me tocase mudarme a otro convento sería realmente fácil y estaría ligero de equipaje. Solía decirme: “tu límite será tener lo que puedas cargar tú mismo en un solo viaje y nada más”.

Después comprendí que se trataba de ir más allá de lo exterior y material, hacia lo interior y espiritual. ¿Qué había acumulado interiormente: proyectos, sentimientos, deseos, ideas? ¿Había vuelto secretamente a revolcarme –como decía San Francisco de Asís- en el vómito de la voluntad propia? Trataba de reconocer –a veces dolorosamente- todo aquello a lo que me encontraba adherido y que me era muy difícil dejar atrás. Lo que me impedía caminar en libertad detrás del Señor, pobre de espíritu. Y así lo sigo realizando, no dejé de hacer esta revisión acerca de lo que poseo con la intención de llegar a no poseer, de permanecer desapropiado.

Bien, cada vocación tiene por así decirlo, su estándar de vida evangélico. No es lo mismo un laico que requiere su estabilidad familiar y laboral; que un sacerdote o consagrado quien va de comunidad en comunidad, de casa en casa, peregrino. Pero a todos aconsejo por igual que de tanto en tanto se revisen para evitar los pegotes y adherencias que les impidan caminar e irse detrás del Señor, cuando Él imprevistamente pase y llame. A veces, incluso nuestro modo de vincularnos con las personas pueden ser verdaderos pegotes donde no hay libertad sino posesión. Estos vínculos desordenados son de una gran dificultad cuando sopla el Espíritu y nos invita a abandonarnos. La clave pues es intentar superar el mal espíritu de la apropiación, para poder recibirlo todo libremente y poder entregarlo todo libremente. Que todo pase por nuestras manos como un don recibido de Dios y que nada permanezca en nuestras manos sino para ofrecerlo y devolvérselo a Dios. Y como hacemos con el Señor también practicarlo con nuestro prójimo.

Toda apropiación ya sea material, espiritual o de los vínculos, se trata de un pegote o adherencia que nos impide andar libres y pobres en el Espíritu. Seguro por detrás hay temores y heridas, sospechas y falta de fe, la tentación de querer asegurarse la propia vida. Pero justamente la apropiación es contraria al Amor que es don de sí mismo y entrega a otro sin reservas. Seamos libres para el Amor, para amar y ser amados. Amar según Cristo requiere desapropiación y abandono.

 


 

EVANGELIO DE FUEGO 5 de Agosto de 2026