El alma enamorada, que se sabe habitada por su Señor y
Dueño, que vive como desposada en Alianza de Amor, se ofrece para que su
persona sea un instrumento humilde y simple donde se irradie la fuerte
Presencia de Dios, su Gloria, su Luz, su Amor.
Quiere que al encontrarse con su persona que vive e
intenta permanecer en Alianza, no se encuentren con ella, sino que en ella y a través
de ella se perciba por su Gracia, el perfume impregnado de Jesucristo Amado y
Esposo.
Ser casa de Dios, templo de Dios, ser analógicamente como
un tabernáculo viviente, ser portadora de Dios y de su presencia viva, solo desea
el alma enamorada en bien de sus hermanos.


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