PROVERBIOS DE ERMITAÑO 9



Se obedece a Dios sin dilaciones. Y a quienes ha constituido como mediaciones: con gusto en su Santa Voluntad, con humildad en lo opinable y nunca en el pecado.

 

Claro que es muy importante la obediencia en la vida cristiana, por eso afirmamos que se obedece a Dios sin dilaciones, con prontitud. Voy a introducir un término técnico que se utiliza en el Magisterio: ofrecerle religioso obsequio de inteligencia y voluntad. Es decir, ponernos en las manos de Dios que manda, sabiendo que obedecer es lo mejor para nosotros pues lo que Él manda es santo. Su mandato es camino de salvación y plenitud.

Pero obviamente esta experiencia del Dios que habla -por medio de una moción interior, una experiencia profundamente espiritual, mística, una revelación privada-, igualmente necesita ser sometida al discernimiento eclesial. Sin embargo hay en ella una presunta certeza de una escucha directa del Señor.

Mas otras veces la obediencia se reviste de un carácter indirecto. En el camino de la Iglesia Dios nos habla a través de mediaciones: los superiores. Son mediaciones que Dios mismo ha querido y dependen de nuestro estado de vida y servicio eclesial: el Papa, el Obispo, el Párroco, quizás el encargado de una pastoral específica, capellanes, responsables o coordinadores de un servicio, el fundador de un carisma, quien preside una institución y otros. Mediaciones que se ejercen por el Ministerio del Orden Sagrado y otras delegadas o por dinámica carismática. Personas que Dios ha dispuesto en la Iglesia o que la Iglesia ha propuesto para animar, conducir, enseñar, gobernar, pastorear, santificar. Aquí debemos reconocer que usualmente la obediencia suele tornarse más difícil.

¿Cómo se obedece a estas mediaciones de la voz de Dios? Se las obedece con gusto en su Santa Voluntad. Cuando vibramos al descubrir que en ellas resuena con claridad para nosotros la voz del Señor, obedecemos con alegría.

Pero también nos puede suceder que en las mediaciones eclesiales y en lo que nos expresan no percibamos con certeza la Voluntad de Dios. Podemos tener diferencias con lo que expresa nuestro superior eclesial legítimo. Podemos incluso concluir tras un aconsejable tiempo de oración y discernimiento que la materia que se nos presenta es opinable y de carácter práctico o prudencial. Si tengo la posibilidad es muy prudente dialogar con esta mediación y exponer con serena madurez y fraterna franqueza el propio discernimiento. Pero como es opinable y es la mediación que la Iglesia ha colocado para acompañarme en mi vida cristiana, la mediación que Dios ha querido en su Providencia, lo más virtuoso cuando no haya consenso es obedecer con humildad. Podemos declinar nuestro parecer e inclinarnos al parecer de nuestro superior, con intención de obedecer a Dios en esta mediación que ha constituido. Ya habrá tiempo de evaluarla por sus frutos. Lo mejor es no exponernos al pecado de la desobediencia pues estaríamos quizás desobedeciendo al mismo Señor.

Lamentablemente puede suceder -como ya ha ocurrido no pocas veces en la historia de la Iglesia peregrina-, que el superior nos proponga realizar un pecado. Si pues tenemos claridad de que su mandato se trata de un pecado -sin duda alguna en evidente contradicción con la Revelación divina y el sagrado Magisterio, opuesto al constante sentido moral testimoniado y enseñado por la Iglesia-, simplemente no hay que obedecer. Porque obedecemos a Dios y solo a Dios. Si el mandato nos llega por una experiencia personal más directa o de modo indirecto a través de mediaciones legítimas, es a Él a quien obedecemos y solo debemos seguir la voz del Señor.


 

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EVANGELIO DE FUEGO 5 de Agosto de 2026