Cualquier estímulo intentando persuadirte que no es necesario ser santo, sabrás inmediatamente que no procede del Espíritu de Dios y que te privará de Eternidad.
Lo propio del Espíritu de Dios,
del Espíritu Santo, justamente es santificar. Por tanto cualquier negación de
la santidad, quizás la sugerencia de que la santidad no es necesaria, o una
propuesta de mitigación que argumente que la santidad no es para todos o al
menos no es tu camino, simplemente no puede venir del Espíritu de Dios que es
Espíritu santificador. Y de seguir esos impulsos, sea cual fuese su procedencia
–de tu interior, de la cultura del mundo en el que vivimos o inclusive de
algunos ambientes eclesiales-, de adherirte a esas mociones, te irás privando
de Eternidad. Te llevarán a una vida mediocre y no olvides que en el Cielo solo
hay santos.
Sabemos que la Iglesia reconoce
a algunos hermanos nuestros, los canoniza, los propone como ejemplo, además de
contar con ellos como intercesores. ¡Y habrá tantos otros que ya habitan en la
Jerusalén Celeste, en la Gloria del Padre! Pero ciertamente junto a Dios en la
Eternidad solo hay santos. No hay forma de entrar al Cielo sin ser santo. Si lo
quieres mejor, lo expreso así: solo gozan de la Gloria quienes se han dejado
santificar por el Dios totalmente Santo. Pues la Salvación que esperamos es una
eterna convivencia con el Santo de los santos, el absolutamente Santo que es
Dios.
Y si profesamos en la fe que la
Vida del mundo futuro, de la Eternidad y de la Gloria, es comunión con el
Santo, aseveramos luego que solo podrán entrar en comunión con el Santo los
santos. ¡Qué comunión imperfecta e ingrata resultaría de lo que es disímil,
tanto menos fructuosa cuanto más sea la diferencia que separa a los que
intentan unirse! La comunión solo es posible para los semejantes y hemos sido
creados a Imagen y Semejanza Suya pues para la Comunión, para asemejarnos en Gracia y unirnos a Él.
Y por eso rezamos por los
difuntos y los encomendamos en la Santa Misa, rogando al Señor que el
itinerario que han transitado aquí en la tierra, les haya permitido en Gracia
madurar aquella santidad requerida para la comunión gozosa y laudatoria de los
santos con el Santo en el Cielo. O si están en ese estado misterioso que
llamamos Purgatorio, purgación de amor, la plegaria de la Iglesia en caridad
ayude a que terminen su tránsito hacia la Gloria. ¿Qué es el Purgatorio sino
maduración en santidad, alcance de esa santidad necesaria para la comunión plena
con Dios?
¡Es el camino, solo hay uno, el
de la santidad! Por eso todo impulso o movimiento en contrario no procede de
Dios y no conduce a Dios. No tengas por inofensiva o leve cualquier propuesta –venga
de donde venga- que niegue o desaliente la aspiración a santidad que el Espíritu
de Dios insufla en todo hombre. Ese estímulo es en verdad peligrosísimo y
mortal pues te aleja del Cielo o te lo cierra. No olvides que en la Gloria
junto al Santo solo hay santificados por su Amor.


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