PROVERBIOS DE ERMITAÑO 16




Lo que intencionalmente se oculta, puede ser oscuro; lo que la fe humilde vive en lo escondido, suele ser demasiado luminoso.

Lo que está oculto, lo puede estar por diversos motivos.

A veces, intencionalmente oculto por nosotros. Porque nos avergonzamos, tenemos mala conciencia, sabemos que no es de Dios ni bueno para los demás o quizás tememos quede expuesta nuestra fragilidad. En fin, hay mucho oculto en nosotros, en nuestro corazón. Ojalá no lo hubiere y fuésemos transparentes. Sin embargo, hay cosas ocultas intencionalmente porque las negamos, escondemos y no aceptamos. Nos dicen incluso que pueden existir mecanismos inconscientes de negación y ocultamiento que operan en nosotros producto de cierta defensa que hace nuestra propia psique, ya que no podríamos admitir nuestra realidad personal sin angustia. Lo oculto no deja empero de ser parte de nuestra identidad, dinamismo e historia. Hay cosas ocultas pues que son oscuras y que hay que sacar a la luz para que sanen, sean liberadas y lleguemos a ser serenamente translúcidos.

Pero hay otro tipo de ocultamiento, el de la vida escondida en la fe humilde. Yo suelo decir que las cosas de la alcoba matrimonial deben quedar en la alcoba matrimonial. Y no estoy hablando de la relación íntima entre un varón y una mujer. Partiendo de esa analogía me refiero a esa relación profunda, secreta y amorosa entre Dios y el alma, el Señor y nosotros. Ese lenguaje único y personal del amor queda allí, en lo interior. Y desde allí oculto en fe humilde, irradia. Suele ser luminoso, trasciende sin necesidad de explicitarlo o publicitarlo. Sin dar explicaciones, ese vínculo de amor con Dios se trasunta. Lo hace en nuestras obras, decisiones, temperamento, forma de vivir y de ser. Allí en ese fondo escondido donde vivimos el amor con Dios, allí se produce una luz potente que irradia y transforma.

 


 

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EVANGELIO DE FUEGO 6 de Agosto de 2026