PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR En la interior morada

 



1.      En la interior morada, Tú eres el fuego que abraza y abriga.

 

2.      En el centro profundísimo de mi alma, lugar escondido y resguardado, el Señor me ama.

 

3.      En la interior morada, el Amor de Dios es percibido por mí como un Amor siempre más crecido y nuevo, más exigente y aguzado, más acariciante y suave.

 

4.      A la interior morada me retiro cargando mis desvelos y contemplando el espejo donde Encarnación, Eucaristía y Cruz brillan retorno transformado; despejando algo en el rostro mío del Rostro del Amado.

 

5.      En la interior morada con su fuego me abraza y toda soledad y todo mal se esfuman.

 

6.      En la interior morada con su fuego me abriga y el frío de la noche de esta tierra da paso al cálido clima de cielo que él me trae.

 

7.      ¿Con qué pagaré, Amado mío, tanto Amor tuyo pródigamente regalado?

 

8.      Ya sé que tu Amor es gratuito pero quiero devolverte algo y para hacerlo te devuelvo mi vida, esta vida que no es mía sino tuya y que ahora libre y alegremente no retengo y reconduzco a Ti.

 

9.      ¿O no es tema de amadores darse uno a otro sin medida para ya no ser dos sino uno solo?

 

10.  Si Tú, el Altísimo, me recibes a mí, el bajísimo: ¿cómo no he de aceptar tan increíble acogida?

 

11.  En la interior morada que juntos habitamos Tú eres y serás siempre el fuego que llameando, ardiendo y quemando me da vida.

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR El Amor del Dios abandonado

 



1.      A tanto amor se paga con desprecio y a tanto abandono se le deja abandonado.

 

2.      Lo veo en mí y lo veo en las gentes. ¡Qué mal tan terrible es éste! Mal de males y desprecio de todo bien es dejarle a Cristo solo en su amoroso sacrificio.

 

3.      El alma encendida y esclarecida en amor quiere desterrar este mal que late en sus dominios, esta inclinación perversa que la pierde. Por eso gime y solloza viéndolo al Amado tan solo y al mundo tan indiferente.

 

4.      ¡Gran desastre es que el Amor no sea amado!

 

5.      ¡Haz de mi vida, Señor, un único grito suave y cálido que anuncie donde quieras que tu amor debe ser amado y tu abandono recibido y devuelto a Ti en abandono!

 

6.      ¡Que no quede en mí, Señor, tanto Amor tuyo abandonado!

 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 20


Es tan propio de la experiencia contemplativa en la oración profunda, el deseo y anhelo de Dios. ¡Tener hambre y sed de Dios! Pues se lo ha saboreado y ya se tiene paladar para el manjar exquisito que es Dios dándose a Sí mismo, comunicándose por el amor. Y ya un deseo ardiente alienta el corazón que secretamente ha sido visitado.

Justamente es signo de un trato maduro y hondo con Dios estarlo buscando, no dejar de anhelarlo. La persona que rehúye de la oración, que esquiva bajar a su interior, que evita adentrarse en su corazón, que no muestra interés de silencio y soledad para la búsqueda y el encuentro con el Señor, simplemente manifiesta que no tiene trato con Dios o que es apenas superficial.

En cambio la persona que sostiene una relación más profunda y frecuente, sobre todo quien ha sido visitado y por la experiencia contemplativa o mística ya se goza de la inhabitación Trinitaria, permanece en este deseo de unión con Dios que no deja de crecer. Porque la comunicación de Dios en algún sentido parece paradójica: por un lado nos sacia y da plenitud, mientras simultáneamente por otro, nos deja más hambrientos y sedientos de Él. ¡Cuánto más recóndito y estable es nuestro encuentro con Dios, más se busca y más se quiere!

Este deseo ha de crecer hasta que en la Gloria, Eternidad o Cielo sea plenamente cumplido y reposemos en Él. Pero aquí en la historia, quien es visitado, tiene trato, quien se encuentra, vive anhelante, quiere encontrarlo más, existe en un fervoroso y urgente deseo de Dios.

 


 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 19


 

Un cristiano que cultiva en profundidad la oración personal no se escapa, no la evade; todo lo contrario, se siente atraído, es gustoso de soledad y de silencio.

A veces puede parecer un poco huraño, un tanto tosco o demasiado reservado. No quiere decir que no sea afable, tal vez sea muy empático, pero seguramente no es una persona atolondrada, llena de ruidos y alborotada. No se la haya ajetreada, tiene pausa y sabe reposar. Sigue teniendo sus defectos y aciertos pero el temple de su vida es reposado, sereno. Y gusta de retirarse a la soledad y al silencio.

Jesús nos recomendaba en el Evangelio según San Mateo, en aquella formulación del Sermón de la Montaña, que quien ora se retire a su habitación o celda, cierre la puerta y se quede con su Padre que ve en lo secreto.

Esa búsqueda de soledad y silencio no es un escape, no es una evasión. Es deseo de intimidad con su Señor, con su Amado y Esposo. Y quien practica la oración, quien tiene espíritu de oración va disponiendo y diseñando en su vida diaria estos espacios. Si no los busca, simplemente quiere decir que no está la fuente abierta del deseo hacia el encuentro con Dios. Podrá quizás ejercitarse en alguna devoción, quizás incluso a las apuradas o con cierta superficialidad dedicarse a la piedad. Pero si realmente cultiva el espíritu de oración, se da el tiempo diario, sin apuros, sin controles o límites horarios que lo acoten, sino dejando que fluya según el Espíritu Santo lo vaya generando. Se da un tiempo sereno y amplio para buscar en el silencio y la soledad al Señor que lo está esperando.


 

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR Cubrir con amor el dolor

 


Cubrir con tu amor en mí el dolor del mundo.

 

2.      ¡Cuántos varones y mujeres han deseado subir a la Cruz del Amado y crucificados con Él hacer lo que Él! Y a muchos se les ha concedido tan alto favor.

 

3.      Yo también anhelo ser digno de sufrir con Él y de cargar sobre mí los dolores del mundo para cubrirlos por entero con su Amor.

 

4.      Esta locura de amor –subirse a la Cruz del Amado y amar con Él-, sólo es alcanzable desde una total desapropiación, desde un abandono sin medida.

 

5.      ¡Cuántas quejas todavía llevo de mis propios sufrimientos! ¿Cuándo alcanzaré una fe, atravesada por certeza de amor, fundada en tu Sacrificio de una vez y para siempre?

 

6.      ¿Cuándo mis dolores se transformarán en gozo por poder padecer contigo y se alegrará mi corazón por unirme a tu Pasión?

 

7.      ¿Cuándo mi corazón cederá y se desbordará? ¿Cuándo será como corriente intensa que brota de la fuente inagotable de tu amor gratuito y universal?

 

8.      ¿Cuándo miraré al mundo con tus ojos? ¿Cuándo abrazaré a todos sin dejar ninguno fuera?

 

9.      El camino largo, estrecho y riguroso es ahondar en tu Cruz. Esa Cruz desde donde tanto me amas y que provoca en mí aún salvajes resistencias y negativas.

 

10.  El camino es contemplar tu Pasión y Cruz y llegar a padecer y ser crucificado yo contigo por amor a Ti.

 

11.  ¡Transforma todo mi ser en la noche de tu Pasión y Cruz para que ya no viva yo sino que Tú vivas en mí!

 

12.  ¡Arráncame de mí en mí y poniéndome todo en Ti sea como un reflejo de Ti para los que tanto amas! ¡Aumenta mi amor hacia tu Amor!

 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 18



Recuerdo que cuando realizaba mi discernimiento vocacional, haciendo experiencia en un convento Franciscano Capuchino, observé que el superior de la casa le pedía acceso a la celda a un fraile mayor. Era un hombre anciano que ya tenía esas manías que adquirimos cuando nos vamos poniendo grandes. El superior le pedía ingresar a su habitación para certificar que estaba viviendo en buen espíritu de pobreza. Se trataba de un fraile entrado en años, quien acumulaba cosas que le donaban y que en vez de ponerlo en común o de avisarle a su superior –llamado “guardián”-, cuanto recinía lo escondía ávidamente, posesivamente. Quizás ni siquiera usaba personalmente aquellas cosas, ni le servían para nada, pero había desarrollado ese vicio posesivo, ese afán de acumulación quizás por tener alguna seguridad. Por eso el guardián anoticiado de la situación le pedía acceso a la celda para supervisarla. Claro, luego de hacerlo le pidió que vaciara su habitación de un montón de elementos acumulados que no tenía sentido que poseyera. Hasta aquí la anécdota.

Con el tiempo me di cuenta que este superior sostenía la misma práctica en todas las comunidades donde era enviado como custodio de la vida de sus hermanos. Los frailes sabían que de tanto en tanto los visitaba en su celda y una de las motivaciones era discernir si estaban guardando el espíritu de desapropiación tan medular en la Orden de Hermanos Menores.

“Desapropiación”, de allí viene este proverbio de ermitaño: camina liviano y ningún pegote le retrasa. Recuerdo entonces que yo mismo comencé a desarrollar la actitud de revisarme a mí mismo para descubrir mis pegotes. Llamaba a esta práctica “ejercicio de desnudamiento”. Al principio se trató de observar periódicamente la celda y ver cuánto ropa había acumulado, si cuando me tocase mudarme a otro convento sería realmente fácil y estaría ligero de equipaje. Solía decirme: “tu límite será tener lo que puedas cargar tú mismo en un solo viaje y nada más”.

Después comprendí que se trataba de ir más allá de lo exterior y material, hacia lo interior y espiritual. ¿Qué había acumulado interiormente: proyectos, sentimientos, deseos, ideas? ¿Había vuelto secretamente a revolcarme –como decía San Francisco de Asís- en el vómito de la voluntad propia? Trataba de reconocer –a veces dolorosamente- todo aquello a lo que me encontraba adherido y que me era muy difícil dejar atrás. Lo que me impedía caminar en libertad detrás del Señor, pobre de espíritu. Y así lo sigo realizando, no dejé de hacer esta revisión acerca de lo que poseo con la intención de llegar a no poseer, de permanecer desapropiado.

Bien, cada vocación tiene por así decirlo, su estándar de vida evangélico. No es lo mismo un laico que requiere su estabilidad familiar y laboral; que un sacerdote o consagrado quien va de comunidad en comunidad, de casa en casa, peregrino. Pero a todos aconsejo por igual que de tanto en tanto se revisen para evitar los pegotes y adherencias que les impidan caminar e irse detrás del Señor, cuando Él imprevistamente pase y llame. A veces, incluso nuestro modo de vincularnos con las personas pueden ser verdaderos pegotes donde no hay libertad sino posesión. Estos vínculos desordenados son de una gran dificultad cuando sopla el Espíritu y nos invita a abandonarnos. La clave pues es intentar superar el mal espíritu de la apropiación, para poder recibirlo todo libremente y poder entregarlo todo libremente. Que todo pase por nuestras manos como un don recibido de Dios y que nada permanezca en nuestras manos sino para ofrecerlo y devolvérselo a Dios. Y como hacemos con el Señor también practicarlo con nuestro prójimo.

Toda apropiación ya sea material, espiritual o de los vínculos, se trata de un pegote o adherencia que nos impide andar libres y pobres en el Espíritu. Seguro por detrás hay temores y heridas, sospechas y falta de fe, la tentación de querer asegurarse la propia vida. Pero justamente la apropiación es contraria al Amor que es don de sí mismo y entrega a otro sin reservas. Seamos libres para el Amor, para amar y ser amados. Amar según Cristo requiere desapropiación y abandono.

 


 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 17




El siervo inútil, pobre y humilde, 
vive como despreocupado de las cosas de este mundo.

 

Esta sabiduría interior, fruto de la vida de oración, de la vida en el Espíritu, parece una locura para nuestra época. Despreocuparse de las cosas de este mundo suena mal. Se interpreta como una falta de compromiso y de interés por la realidad; sobre todo una omisión acerca de tantas causas que necesitan que nos involucremos. Sin embargo, no significa lo que se presume, este proverbio de ermitaño.

Es que quien ha gustado más de lo que se ofrece en este mundo, percibe que las cosas temporales son justamente transitorias, pasajeras. Diría San Pablo: “la escena de este mundo que pasa”. Así, el contemplativo extasiado, embelesado y pleno en cuanta primicia de Gloria y de Eternidad se le regala por el encuentro con Dios, en la Alianza viva en Amor con Él, se pregunta: ¿cuánto vale el mundo? Sí, el mundo, tan bella creación de Dios y apenas un reflejo del mundo futuro prometido. El mundo en el sentido de las circunstancias humanas, repleto de tantas preocupaciones no exentas de obsesiones y ajetreos, se sopesa al fin fútil, vano y superficial, frente al inmenso tesoro de Gloria que nos aguarda.

Por tanto, el contemplativo recupera la concepción de la historia y del mundo como el escenario de una peregrinación. El camino del hombre en tránsito a la Casa del Padre, a la Bienaventuranza eterna, a la Comunión definitiva, a la Jerusalén Celeste. No se descompromete con la historia, quiere que en la historia se exprese la epifanía del Reino de Dios con todo su poder, y sin embargo, sabe que ese Reino solo será pleno mucho más allá de este mundo.

Pues como avisé, por la Gracia de la experiencia mística o contemplativa, en primicia y adelanto ya ha gustado, olfateado, saboreado y tocado algo de lo que viene y será perpetuo. Tan lleno de gozo, con tanta vivacidad nueva, percibe que cuanto se ofrece en este mundo en realidad son sombras, apenas sombras del inmenso tesoro de la Luz inextinguible que espera por delante.

Quizás habría que recuperar un poco, con los matices que le hagan falta a la sensibilidad contemporánea, la idea de que en cierto modo estamos como exilados, en el destierro, intentando alcanzar nuestra Patria. “Volver al Paraíso”, diría alguien; o como San Felipe Neri ante las tentaciones mundanas: “yo prefiero el Paraíso”. ¡Nos esperan cosas más grandes, Dios mismo! ¡La Eternidad, la Gloria y la Comunión en su Amor!

Es normal que la historia y las cosas de este mundo parezcan desabridos para quien algo ya ha gustado de cuanto está por delante. El contemplativo, el varón y la mujer hondos en el Espíritu, el místico, aquí tienen su gran capacidad y fuerza como su cruz y fragilidad. ¿Cómo interesarse por las cosas de este mundo cuando ya se les ha anticipado una vislumbre del Cielo en lo alto? Quien de alguna forma ha experimentado toques y avances de la Gloria, de la Alianza definitiva, mira este mundo con un amor relativo. Lo mira como una escalera, esperando que sirva lo más pronto posible para encontrarse con Cristo. “Lo que quiero –diría San Pablo-, es estar con Cristo en su Gloria”.

El contemplativo vive “como” despreocupado de las cosas de este mundo. Ese “como” expresa el punto justo que reza la Liturgia: “que bajo tu guía providente usemos los bienes pasajeros de tal modo que ya desde ahora podamos adherirnos a los eternos”. El místico siempre será en el mundo y también en la Iglesia, una profecía –a menudo demasiado incomoda- que señala hacia el horizonte escatológico.

 

 

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR Someterse a todos




 

1.      Sometido a todos por amor a Ti.

 

2.      Absorto en la Cruz, como metido en ella, escuché estas palabras de labios del Señor Amado: sometido a todos por amor de Dios.

 

3.      ¿Quién puede hacerse pobre como Dios, que humilde y manso, se hace en el amor atento y sujeto a todos?

 

4.      ¿Quién puede como el Señor Jesús mantenerse en paz, en profunda búsqueda de concordancia con todos, y a la vez marcar con firmeza el camino?

 

5.      ¿Quién puede como Él amar a los enemigos? ¿Quién como Cristo puede seguir sembrando amor en tierra estéril hasta hacerla fecunda?

 

6.      ¿Qué mueve el corazón a tan alto morir? ¿Qué atrae al alma a pasar por la dolorosísima Cruz? Sin duda, el desposorio con su Amado.

 

PROVERBIOS DE ERMITAÑO 16




Lo que intencionalmente se oculta, puede ser oscuro; lo que la fe humilde vive en lo escondido, suele ser demasiado luminoso.

Lo que está oculto, lo puede estar por diversos motivos.

A veces, intencionalmente oculto por nosotros. Porque nos avergonzamos, tenemos mala conciencia, sabemos que no es de Dios ni bueno para los demás o quizás tememos quede expuesta nuestra fragilidad. En fin, hay mucho oculto en nosotros, en nuestro corazón. Ojalá no lo hubiere y fuésemos transparentes. Sin embargo, hay cosas ocultas intencionalmente porque las negamos, escondemos y no aceptamos. Nos dicen incluso que pueden existir mecanismos inconscientes de negación y ocultamiento que operan en nosotros producto de cierta defensa que hace nuestra propia psique, ya que no podríamos admitir nuestra realidad personal sin angustia. Lo oculto no deja empero de ser parte de nuestra identidad, dinamismo e historia. Hay cosas ocultas pues que son oscuras y que hay que sacar a la luz para que sanen, sean liberadas y lleguemos a ser serenamente translúcidos.

Pero hay otro tipo de ocultamiento, el de la vida escondida en la fe humilde. Yo suelo decir que las cosas de la alcoba matrimonial deben quedar en la alcoba matrimonial. Y no estoy hablando de la relación íntima entre un varón y una mujer. Partiendo de esa analogía me refiero a esa relación profunda, secreta y amorosa entre Dios y el alma, el Señor y nosotros. Ese lenguaje único y personal del amor queda allí, en lo interior. Y desde allí oculto en fe humilde, irradia. Suele ser luminoso, trasciende sin necesidad de explicitarlo o publicitarlo. Sin dar explicaciones, ese vínculo de amor con Dios se trasunta. Lo hace en nuestras obras, decisiones, temperamento, forma de vivir y de ser. Allí en ese fondo escondido donde vivimos el amor con Dios, allí se produce una luz potente que irradia y transforma.

 


 

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR Madurar para el Reino

 



1.      Maduro para el Reino, corazón y vida.

 

2.      Si estoy maduro para el Reino, estoy maduro en el amor, es decir, desposado a mi Señor, en concordia con todo lo creado.

 

3.      Gimo y sufro el desamor que me hiere: volver a volcarme en mí y no acabar de volcarme en Él.

 

4.      ¡Ay Jesús, dame ya un corazón como el tuyo que lata al unísono con el corazón del Padre!

 

5.      ¡Que todos mis deseos me conduzcan a Ti!

 

6.      Madúrame, Señor Amado, haciendo pasar mi corazón y mi vida por entero por aquella fuente que hace crecer en el amor: tu Cruz.

 

7.      ¡Dame amor tuyo para dar! ¡Dame amor tuyo sin medida que no me permita volver atrás en este doloroso y dulce parto de madurar para el Reino!

 

8.      ¡Dame tu amor que madura, oh fiel Esposo, el corazón y la vida!

 

Los profetas y su vigencia hoy. Una mirada de síntesis (3)

 



Tercer tiempo

 

Finalizando nuestro recorrido nos hemos introducido en tierras de exilio junto a Ezequiel e Isaías II-III. Ambos profetas nos han ayudado a comprender con fe y esperanza la situación y a descubrir cómo perseverar en los caminos de Dios.

El gran Ezequiel cual centinela del Señor, auténtico vigía y por ello como maestro de novicios del Pueblo, nos ha guardado para mantener la identidad cuando parecía que todo se había perdido. Con los signos de la Alianza caídos, sin rey ni tierra ni templo: ¿cómo sostener la fe? La respuesta de Dios será: “Yo te he elegido y he decidido estar donde tú te encuentres, Pueblo mío”. Para que esto sea posible debe grabarse esa Alianza Nueva por el Espíritu en el interior del hombre.

Debe realizarse pues un proceso virtuoso cuya primera instancia será quitar las basuras adheridas al corazón. Se trata de la purgación interior que extirpará de raíz toda idolatría para que el Señor sea el único absoluto de la vida. No es posible sin el reconocimiento del pecado como realidad personal y la aceptación humilde de la propia responsabilidad. Un cambio de mentalidad que solo será viable asumiendo que el Dios Santo nos quiere santos. El profeta pues alentará una urgente y encendida conversión.

Entonces, tras la purificación, Dios recreará su Alianza, con su Espíritu la grabará en el corazón humano, interiorizará su Ley de Gracia. El Pueblo será el Nuevo Templo donde el Señor habite. Y además le enviará a su Mesías-Pastor-Sacerdote, verdadero y definitivo Rey que lo conduzca. Así el Pueblo inhabitado por la Gloria divina, configurado a su Santidad, regresará a la tierra con un proyecto del todo Teocéntrico, un anhelo de fidelidad y de permanecer establemente como el Pueblo de su Señor.

A Isaías II-III, ya más en el contexto del fin del exilio y la vuelta a la patria, le tocará ser el profeta que anuncie el consuelo y la pronta liberación. En este sentido Dios se manifiesta como el Señor de la historia: todos los pueblos y sus líderes están bajo su mano y nada sucede sin que Él misteriosamente lo conduzca. Un día decidió que Israel marchase al exilio, lo entregó a sus enemigos pues en su Sabiduría dispuso esta pedagogía para su conversión; decretó el destierro como herramienta de purificación y maduración que terminase de hacer posible que su Pueblo permaneciese fiel a la Alianza. Y un día decidió poner fin a esa dolorosa experiencia y de pronto, como si nada y sin intervención humana precedente, abrió caminos de liberación y restauración. Porque Él convierte los caminos escabrosos en llanos y abre maravillosos horizontes nuevos cuando todo parece cerrado y sin salida. Es el Señor.

De hecho, el retorno desde Babilonia hacia la Tierra de Promisión se describe como una triunfante y jubilosa procesión religiosa. Mas en este clima de algarabía y esperanza no faltan dos detalles inquietantes:

1.      el misterioso Siervo de Yahvéh -verdaderamente discípulo-, quien obra la redención pero a través de su propio sufrimiento y sacrificio expiatorio;

2.      la frustración frente a un proyecto que no termina de hacer pie en la historia pero que permite descubrir la Salvación como una realidad del todo futura, definitiva y por tanto, escatológica.

Sin duda se sostiene  una idea central desde el primer Isaías: la Salvación de Dios es universal e Israel es el Pueblo Elegido como instrumento y testigo de este benevolente designio divino.

 

Sé santo porque Yo tu Dios Soy Santo

 

Con esta sentencia, tan propia del cuño de la tradición sacerdotal, quiero cerrar mi último opúsculo. Ya lo he propuesto con insistencia previamente: la actual hora de la Iglesia peregrina se puede sin duda interpretar bajo el paradigma del exilio. Y a mí ver personal es la tarea de Ezequiel la que hoy nos urge emprender y transitar.

Porque la Iglesia hace tiempo camina desorientada en un mundo que cambia aceleradamente y que tal vez la recibe mucho menos de cuánto ella quiere ofrecerse. Y el equilibrio en la relación parece perdido. La consagrada fórmula “estar en el mundo sin ser del mundo” no encuentra un punto de eficaz ejecución por polarizaciones internas del cuerpo eclesial.

Hay quienes contemplando “semillas del Verbo” se pasan de optimistas, lo quieren bautizar todo y terminan cayendo en una ingenua fascinación por el mundo que acaba absorbiendo a la Iglesia y diluyendo su identidad. Y entonces se denuncia el drama de un modernismo progresista que ha logrado finalmente infiltrarse e infectarnos.

Hay quienes contemplando las “semillas de Satanás” se pasan de pesimistas, quieren rechazarlo todo como peligroso o contaminante y terminan erigiendo un purismo que levanta muros defensivos pero dificulta establecer un diálogo evangelizador con el mundo al que postulan sin distinciones como el enemigo. La identidad de la Iglesia permanece clara pero se vuelve inoperante. Y entonces se denuncia el drama de un anti-modernismo conservador que vive nostálgicamente en el pasado y no logra aceptar el paso propio de los procesos de la historia.

Ambas dinámicas así caricaturizadas, aun teniendo sus elementos de verdad, permanecen puramente humanas y en un nivel  escasamente natural. Les falta una “mirada desde arriba”, el eje trascendente que podría expresarse así: “la obra es de Dios”. No sin ti, Iglesia, pero primariamente obra suya tanto tu identidad como la Salvación del mundo. Es erróneo partir de una relación entre dos: Iglesia-mundo. El vínculo es tríadico: Dios-Iglesia-mundo. Sin Dios en medio, pero también por debajo cual fundamento y por encima cual horizonte, nunca podrán encontrarse aquellos dos. Su encuentro no tiene sentido sino en su Señor.

Estoy convencido que la Iglesia contemporánea, siempre deambulando en el exilio del mundo y de la historia, debe constantemente volverse hacia su Dios que no la abandona y camina con ella. No es en la exterioridad visible, cuantificable y fáctica donde hallará las respuestas que busca. Sino allí donde reina invisible el misterio bajo las sanadoras unciones de la pobreza y el silencio. La purificación se exige siempre, necesaria e ineludible. Conversión, cambio de mente y corazón. Debe el Pueblo configurarse a su Señor, dejar que lo inhabite, cultivar fecunda Alianza en Amor. Solo entonces, unida a su Señor y Esposo en sagradas nupcias celebradas en el desierto, la Iglesia esposa lo verá todo claro con Luz nueva, bajo la Gracia de su Amado.

Entonces su identidad y misión –las cuales coinciden-, las poseerá serenamente. Comprenderá aquello que le ha escuchado a Él: “serás mi sacramento universal de Salvación”. El Pueblo convocado por la unidad virtuosa del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo será Asamblea de adoración y alabanza que transita cual jubilosa procesión por la historia hacia una estable y excedente Gloria eterna. Y caminará invitando a todos los hombres a sumarse al gozo de la Liberación y a las realidades nuevas y definitivas que el buen Dios nos tiene preparadas en su Casa.

¿Cuál es la clave pastoral pues que nos urge vislumbrar? “Pueblo mío, sé santo, porque Yo tu Dios soy Santo. ¡Únete a Mí!”

 

PROVERBIOS CON LUZ DE AMOR Depender de Dios

 



1.      Dependo de Ti, Señor. ¡Qué verdad tan simple y profunda, donde brillan la libertad y la paz!

 

2.      Su amor engendra obediencia que no ata aprisionando ya que enlazando libera. ¡Qué libertad tan noblemente ejercida la que decide entregarse enteramente a la voluntad de su Señor! Su amor pacifica.

 

3.      ¿Qué podrá turbar el alma unida a su Amado?

 

4.      Depender de Ti, Señor, quiere decir que te amo y que tanto me amas que no podría vivir sin Ti.

 

5.      ¿Si no respirara tu amor cómo latiría mi corazón? ¿Si no me abandonara a Ti cómo se abriría el camino? ¿Acaso no son tus manos creadoras las más amantes?

 

6.      Ponerme en Ti para crecer en mi vocación, pues desde siempre me has llamado a ser en Ti.

 

7.      Dependo de Ti a causa de tu elección por mí sellada en Encarnación, Eucaristía y Cruz.

 

8.      ¡Depender de Ti: cuánta dulzura y cuánto consuelo! Saber en la fe que Tú, Altísimo Señor, Dios Bueno y Único, saldrás fiador por mí.

 

9.      Depender de Ti es vivir ya venciendo toda muerte. ¡Dependo de Ti!

 

EVANGELIO DE FUEGO 21 de Septiembre de 2026