PROVERBIOS DE ERMITAÑO 7




 El siervo inútil, pobre y humilde, aspira a alcanzar la obediencia perfecta de un cadáver. Este tipo de obediencia solo se le debe a Dios.

 

La expresión es clásica y distintos santos -varones y mujeres- la han repetido en estos términos. Porque al cadáver, al muerto, lo llevan y lo traen, lo ponen y lo sacan mientras permanece inerte. Evidentemente, no se está queriendo decir que haya que tener una obediencia ciega, sin mente ni corazón, sin inteligencia ni voluntad. Lo que se intenta expresar es que hay que entregarle la inteligencia y voluntad por entero a Dios a quien se obedece. Y ojalá nuestra obediencia fuese tan profunda que cuando Dios hablase, nos moviera, impulsara y sugiriese no encontrará ninguna clase de resistencia. En este sentido este dicho famoso, “la obediencia perfecta es la de un cadáver”, es una sentencia posible en la espiritualidad cristiana.

Yo diría –precisando el planteo- que solo una “obediencia cadavérica” es saludable  en cuanto obediencia directa a Dios; la cual siempre habrá que discernir recurriendo al acompañamiento de la Iglesia. En cuanto a las mediaciones en cambio, que hablan en nombre de Dios –personas, autoridades, superiores- yo tendría algún reparo más, introduciría un nivel más de discernimiento que evitara el infantilismo y la manipulación o abuso de conciencia. Pero claro si es Dios, si tenemos certeza de que es Dios quien habla, este dicho es válido. ¡Que Dios nos pueda encontrar siempre disponibles, sin reservas y que con simplicidad pueda llevarnos, traernos, sacarnos, ponernos e invitarnos a obedecerlo!

 



 

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EVANGELIO DE FUEGO 19 de Junio de 2026