La expresión es clásica y
distintos santos -varones y mujeres- la han repetido en estos términos. Porque
al cadáver, al muerto, lo llevan y lo traen, lo ponen y lo sacan mientras
permanece inerte. Evidentemente, no se está queriendo decir que haya que tener
una obediencia ciega, sin mente ni corazón, sin inteligencia ni voluntad. Lo
que se intenta expresar es que hay que entregarle la inteligencia y voluntad
por entero a Dios a quien se obedece. Y ojalá nuestra obediencia fuese tan
profunda que cuando Dios hablase, nos moviera, impulsara y sugiriese no
encontrará ninguna clase de resistencia. En este sentido este dicho famoso, “la
obediencia perfecta es la de un cadáver”, es una sentencia posible en la
espiritualidad cristiana.
Yo diría –precisando el
planteo- que solo una “obediencia cadavérica” es saludable en cuanto obediencia directa a Dios; la cual siempre
habrá que discernir recurriendo al acompañamiento de la Iglesia. En cuanto a
las mediaciones en cambio, que hablan en nombre de Dios –personas, autoridades,
superiores- yo tendría algún reparo más, introduciría un nivel más de
discernimiento que evitara el infantilismo y la manipulación o abuso de
conciencia. Pero claro si es Dios, si tenemos certeza de que es Dios quien
habla, este dicho es válido. ¡Que Dios nos pueda encontrar siempre disponibles,
sin reservas y que con simplicidad pueda llevarnos, traernos, sacarnos,
ponernos e invitarnos a obedecerlo!


No hay comentarios.:
Publicar un comentario